26/09/08

Solamente hay algo que yo me quedaría...

y por ese tipo de canciones odio convertirme en la mujer que espera.

25/09/08

Si no vino es porque no vino.

Hay un huracán en alguna parte del mundo, y yo aquí con frío y sin café.
Marinero: Hoy rezaré frente a una vela para que llegues al puerto con bien.

ACECHANDO LOS 30´s No. 4

Éste es también viejo y que bueno que lo es.

15 de julio
Siento que han pasado semanas enteras.
Apenas un par de horas con lluvia.
Tal vez sea que ya no hablamos mucho, pero tengo la sensación de que tus palabras han perdido encanto, sin embargo ayer dijiste algo que me enterneció y de pronto recordé por qué sigues estando en el extremo de mi almohada.
Tendrías que enterarte.
A mi también me gusta despertar en medio de una noche lluviosa.

ACECHANDO LOS 30´s No. 3

Muuuy viejo pero muuy viejo recuerdo.

23 de abril
Hagamos un pacto. Nunca me hables del mar, de naufragios, de barcos con estrellas grabadas en la proa. No hables de nosotros. Dí Tú y Yo con miles de kilómetros que nos separen, quizá, así puedas ver al niño que yace muerto por nuestra culpa.

Nagi Noda

21/09/08

AMANTES

una flor
no lejos de la noche
mi cuerpo mudo
se abre
a la delicada urgencia del rocío

A.P

12/08/08

Hotel Barca (Parte 1 de 2)

Hubiera podido jurar que estaba muerto. Estoy casi segura que la última vez que lo vi, yo tenía un revolver en la mano, apuntaba directamente entre sus ojos y él me miraba aterrado. De verdad creía que estaba muerto, sin embargo he recapitulado paso a paso toda la noche de ese día de invierno, e irremediablemente me topo con una laguna justo cuando mi dedo se posa en el gatillo.
En caso de que no hubiera muerto, entonces no logro explicarme cómo es que él escapo y cómo es que mi mente ha jugado de tal manera, que llevo 2 años con la absoluta certeza de haberlo asesinado. Hoy lo vi. Pasó a menos de un metro de distancia, vestía como siempre, quizá lucia un poco más delgado y hasta podría afirmar que tenía un aspecto de enfermo, anémico sería lo correcto. Caminaba aprisa, en una mano llevaba un portafolio de piel marrón y en la otra el New York Times. Por supuesto no se percató de mi presencia, siguió de largo sobre la calle Amores. Mi primer impulso fue seguirlo, pero he de confesar que mis piernas no me respondieron. Una vez que lo perdí de vista, logré ponerme de pie y camine hasta el hotel. No he salido en toda la tarde. En mi cabeza rondan distintas teorías y hasta el momento me ha obsesionado una de ellas.
Quizá le disparé, pero mi deficiente puntería, alcanzó apenas a rozarle. El shock habrá borrado de mi mente la reconstrucción de los hechos, pero los he inventado a partir de lo que me ha parecido más lógico. Cuando él cayó herido, de un hombro o hasta de una oreja, yo debí correr con la idea de haberlo matado. Él, después de curarse por sí mismo, (De lo contrario tendría que haberme denunciado en el hospital o con la policía) decidió tomar venganza, la cual ha planeado pacientemente durante los últimos dos años. Ese, supuestamente, casual encuentro hoy por la mañana, no es más que un aviso, una advertencia de que me acecha.
No he salido del hotel y me siento vigilada. Aún tengo el revolver. Aún podría apuntarle a la cabeza.

08/08/08

Y él dijo: - Estoy orgulloso de no ser tibio-
Yo no pude evitar sonreír a medias y pensé que no sólo es tibio, si no que es un cobarde.

26/07/08

FASE MOR No.6


O. va sentada en el vagón del metro, tiene mucho sueño pero teme quedarse dormida. El tren se detiene y no hay nombre en la estación, no sabe donde está, no sabe cuánto tiempo lleva viajando. S. sube al vagón, O. finge buscar algo en su bolso para no encontrar su mirada. S. se sienta justo atrás de O. que comienza a sangrar de la nariz. Se pone de pie y sale corriendo al andén. S. la mira e intenta ir hacia la puerta, pero se cierra.
O. huye, sube las escaleras y llega a la misma calle de donde salió.

ACTO FALLIDO No. 10 (parte 5)

ELLA tomó su backpack y salió en silencio de la habitación, procurando no despertar a sus compañeras de litera. Comenzaba a refrescar y en las plantas que rodeaban el jardín central se había acumulado el rocío de la mañana. El sol luchaba por salir de entre las grises nubes que presagiaban un día húmedo. Respiró profundo y camino hacía el pequeño cuarto del velador, para entregarle la llave y saldar la cuenta del hostal. Desde dentro el señor le pidió, con voz ronca y amodorrada que lo esperase diez minutos, así que se sentó en la banqueta. –Estoy listo- ELLA volteó sobresaltada. Era Desimone con maleta en mano, estuche de violín y un termo de café. No pudo evitar sonreírle, estuvo a punto de rechazar su compañía, pero al verlo parado con una sonrisa que rayaba en lo tonto, le pareció tan pequeño, tan infantil que temió hacerle daño. Aceptó con una leve inclinación de cabeza.
Mientras esperaban en la estación de autobuses, tuvo la sensación de sentirse obligada a la compañía, pero lo hecho estaba y ahora sería vulgar retractarse, se tranquilizó pensando que a lo más pasaría una semana en la playa, el dinero era cada vez más escaso y apenas tendría lo suficiente para regresar a casa, si es que aún la tenía.
ELLA vivía en un departamento que compartía con varios chicos de la universidad, con quienes no había tenido comunicación desde que partió y era muy probable que su habitación ya hubiera sido ocupada por algún amigo o amante en turno de sus compañeros.
La angustia de regresar le carcomía profundamente y ni siquiera se dio cuenta que Desimone no había parado de hablar desde que salieron del hostal. Le narraba a detalle anécdotas de su viaje, de haberle puesto atención, sabría que él la había visto varias veces antes de atreverse a hablarle la noche anterior, Desimone interpreto su indiferencia como un rasgo fascinante, un tanto de frialdad e inaccesibilidad era justo lo que él buscaba.
Para la tercer hora de viaje ya reían a carcajadas y el cotidiano se había disipado por completo. Era muy parecido a viajar con alguien a quien se aprecia por el sólo hecho de compartir la misma necesidad de huir.
Cuando llegaron a su destino el ocaso comenzaba a caer sobre el pueblo costero, así que lo más prudente fue buscar rápidamente un lugar para acampar, mientras ELLA montaba la casa de campaña, él salió a buscar víveres para pasar la noche. Hacia lo madrugada se besaron, más por soledad, más por miedo, más por sentirse aferrados a algo que por un deseo compartido.
De lo que hablaron ya no se acordarían tiempo después, pero la sensación de tener un cuerpo cálido esa noche, era un recuerdo lo suficientemente importante como para recurrir a él durante varias noches.